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Cantata 140: Despertad, una voz os llama |
Kantata 140: Wachet auf, ruft uns die Stimme |
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig |
El libreto de esta cantata-coral, preparado por Picander, se basa en un himno de Philipp Nicolai. La partitura fue compuesta para el vigesimoséptimo domingo después de la Trinidad, que rara vez se presenta en el año eclesiástico. En los 27 años que duró la vida de Bach el Leipzig, ello sólo ocurrió dos veces; la primera fue el 25 de noviembre de 1731, día para el cual se destinó la cantata. El himno le inspiró a Bach una obra excepcional. De sus siete movimientos, el primero, el cuarto y el último emplean las tres estrofas del himno. Para los cuatro movimientos restantes, dos dúos precedidos de recitativos, Picander escribió textos que prolongan las ideas expuestas en el coral. El resultado es una sólida estructura de cantata cuyos pilares son los tres movimientos basados en la las estrofas de Nikolai. El nexo con el Evangelio del domingo, la parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes insensatas, es establecido por la primera estrofa y los textos agregados.
En el gran coro inicial, acompañado por oboes y cuerdas, la melodía del coral es cantada por las sopranos en notas largas, y bajo ellas las voces más graves tejen un brillante contrapunto. La orquesta agrega un acompañamiento independiente. La combinación de estos diversos elementos produce una impresión de intensa y voluptuosa belleza. Después de un recitativo para tenor y continuo en estilo narrativo, viene el primero de los dos efusivos dúos para soprano y bajo, al cual se agrega el canto de un violín piccolo. En el espléndido coral que como cuarto movimiento constituye el centro de la cantata, la melodía del himno cantada por el tenor se agrega a un aire en estilo popular a cargo de las cuerdas. Este aire, cuya dulzura casi sensual no es frecuente en las cantatas de Bach, describe "la graciosa procesión de las vírgenes que esperan a Jesús, el novio celeste". Al recitativo para bajo, cuyo texto reitera las evocaciones idílicas, las cuerdas confieren un ambiente de hondo recogimiento. La atrayente sensualidad del dúo con acompañamiento de oboe, en donde se funden el amor celeste y el amor terreno, nos lleva a las fronteras del Romanticismo. "Se trata en verdad, dice Schumacher, de uno de los más bellos dúos de amor jamás escritos". El coral conclusivo, regocijado y solemne, es una armonización de la tercera estrofa del himno.
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