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Cantata 105: Señor, no juzgues a tu siervo
Kantata 105: Herr, gehe nicht ins Gericht mit deinem Knecht
Cantata Religiosa Compuesta en Leipzig

Como la 168, esta cantata fue compuesta hacia 1725 para el noveno domingo después de la Trinidad. Y al igual que la 46, estrenada una semana más tarde, evoca los dos extremos del sentimiento cristiano: el temor del hombre que va a enfrentarse al tribunal de Dios, y la serenidad que otorga la fe en su misericordia.

El texto del coro inicial es el versículo segundo del Salmo 143, "Señor, no juzgues a tu siervo, porque ante tus ojos el hombre no será justificado". Esta cita no muestra más que un aspecto, aunque esencial, del Evangelio del domingo: la inclinación del hombre al mal, rasgo permanente de su naturaleza y expuesto siempre a la cólera divina.

Enmarcado por el coro inicial y el coral conclusivo, el texto ofrece una doble sucesión de recitativos y de arias. El grandioso coro dibuja, en los lentos compases iniciales, un cuadro de angustia y culpabilidad. Y la segunda mitad del texto da lugar a una fuga animada en la que la orquesta no hace más que doblar las partes vocales. El aria para soprano (III) "es una de las páginas más originales y al mismo tiempo más conmovedoras de Bach", al decir de Alfred Dürr. La tortura de la angustia moral es descrita con mucho dramatismo en este movimiento, en el que Bach renuncia al acompañamiento del órgano como para hacer entender que el pecador no encuentra piso firme bajo sus pies. El trozo está escrito como trío para soprano, oboe y viola, a los que se agregan dos violines cuyo trémolo sugiere la duda y el estremecimiento de la conciencia. En la segunda parte de la cantata el ambiente cambia. Un rayo de esperanza alienta al pecador en el recitativo del bajo al que acompañan las cuerdas. En la siguiente aria, el tenor proclama la decisión que toma el hombre de elegir a Jesús como guía y compañero. Los violines parecen sugerir, con sus rápidas figuras, la fugacidad de la vida del hombre, mientras las notas más lentas de la trompa simbolizarían la seguridad que brinda el apoyo de Cristo. El coral conclusivo, "Ahora sé que aplacarás el tormento de mi conciencia", condensa todo el contenido de la cantata: después de un comienzo ansioso y vacilante, el movimiento poco a poco se calma hasta llegar a la completa quietud.



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